GINO BARTALI: EL CAMPEÓN CICLISTA

GIno Bartali uno de los más grandes ciclistas de la historia que durante el Holocausto colaboró a salvar la vida de 800 judíos.

El 18 de julio de 1914 nacía Gino Bartali en Ponte a Ema, provincia de Florencia, en la Toscana italiana. Era el tercero de los cuatro hijos de un granjero. Empezó a trabajar con 13 años en un taller de bicicletas y gracias a sus ahorros consiguió comprarse una de carreras, con la que empezó a lograr sus primeros triunfos.

En 1933 se proclamó campeón juvenil y en 1934 sufrió una grave caída que le provocó una conmoción cerebral y una fractura de nariz, que tres años después le obligó a pasar por el quirófano, dejándole su característica nariz de boxeador para siempre.

En 1935 debutó como profesional y pronto empezó a dejar claras sus dotes como escalador. En su primer Giro, ese año, ganó una etapa, acabó séptimo y ganador del premio de la montaña. Al año siguiente, se lleva el triunfo final. Pero inmediatamente después, una tragedia personal pone en peligro su carrera.

Su hermano Giulio, que también había empezado a competir como ciclista, sufre un accidente y fallece. Gino, muy unido a su hermano y roto por el dolor, decide dejar el ciclismo para siempre. Pero finalmente, sus seres queridos le convencen de que la mejor manera de homenajear a Giulio es seguir compitiendo. Y así lo hace.

En 1937 vuelve a ganar el Giro y en 1938 llega su primera victoria en el Tour de Francia. Pero enseguida empieza la II Guerra Mundial, justo cuando en Italia empieza a despuntar un ciclista que puede discutir su dominio: un tal Fausto Coppi. Durante la guerra, la actividad ciclista se reduce al mínimo. Bartali aprovecha para casarse. Y para llevar a cabo un trabajo secreto que no se supo hasta mucho tiempo después.

En 1945 se reanudan las competiciones. Pese a su veteranía, sigue siendo un dominador. Lo que pasa es que, Fausto Coppi irrumpe en el panorama internacional. De hecho, había sido el ganador del Giro de 1940, ya con la Guerra empezada. Comenzaba entonces una de las mayores rivalidades de la historia del ciclismo.

Coppi y Bartali se repartieron victorias, pero en el primer Giro tras la guerra, en 1946, la victoria es para el toscano. Al año siguiente, Coppi es el que triunfa en la ronda italiana. Y repiten la jugada en el Tour. Bartali gana el del 48 (diez años después del primero) y Coppi el del 49.  La rivalidad se prolongó una vez empezada la década de los 50. Fue en el Tour del 52 cuando, por ejemplo, se produjo una de las fotos más famosas de este deporte. Ambos circulaban solos por el Galibier. En la foto, se ve cómo Bartali le da un bidón de agua a Coppi. Al difundirse la foto, salta la duda: ¿Quién ayudó a quién? ¿Bartali se la da a Coppi o se la está devolviendo tras beber? Ninguno de ellos quiso revelarlo, así como tampoco el fotógrafo. Bartali, en la foto, lleva dos bidones, mientras que Coppi no. Para algunos, es la clave de que es Coppi el que fue el generoso. Sea como fuere, la foto también reveló otra certeza: ambos eran rivales, representaban dos conceptos diferentes, pero eran amigos.

Bartali se retira en 1954. Seis años después, recibe con dolor la muerte de Coppi tras contraer malaria en un viaje a África. Monta después un equipo ciclista, se dedica a comentar carreras en la RAI y a comercializar vino de su tierra. El 5 de mayo de 2000, con 85 años, un fallo cardíaco acaba con su vida. Se iba una gigantesca leyenda del ciclismo, una marcha que conmocionó al mundo… y eso que aún casi nadie sabía qué hizo Bartali durante la II Guerra Mundial.

Curiosamente, Bartali siempre había sido considerado un ciclista cercano al régimen fascista. Precisamente esta idea le benefició. Con la guerra en marcha, el arzobispo de Florencia, Elia Dalla Costa, se pone en contacto con Bartali, devoto católico, para pedirle un favor. Lo necesitan para formar parte de una red dedicada a salvar a judíos del Holocausto. El papel de Bartali era el de correo. Con la tapadera de sus entrenamientos, su tarea era transportar fotos y documentos falsos desde sus lugares de confección hasta sus destinos. Estos documentos servían para salvar a judíos de una muerte segura. La fama de Bartali le permitió pasar totalmente desapercibido y su impagable labor les salvó la vida a 800 judíos. El hijo de uno de los miembros de la trama fue quien descubrió, en los papeles de su padre, la labor silenciosa de Bartali y quien la hizo pública. Por ello, en 2013, fue elegido ‘Justo entre las Naciones’ por la Yad Vashem, la institución con sede en Israel que mantiene viva la memoria del Holocausto. Sin duda, un valiosísimo último premio para uno de los más grandes ciclistas de la historia.

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